A buen entendedor…

…pocas palabras bastan. Algo, algo más que detallar su presupuesto, debe hacer la Casa del Rey. Palabra de monárquico a punto de desencantarse

4 respuestas

  1. tengo un poco mucho del puritanismo luterano en mis planteamientos. Lo de Urdangarín es impresentable. ¿será encontrado inocente? No lo sé, pero seamos lógicos: lo que ha hecho es muy feo y en castellano tiene mil nombres siendo el más suave sinvergüenza: desviar fondos de una ONg para niños puede que no sea delito sino falta, pero lo mismo es quitarle el perro a un ciego y no deja de ser una canallada de un desalmado. No es tan difícil de explicar: lo jodido es atenerse a los principios cuando la vida nos pone a prueba. Poner carita de bueno, de yo no fui, con esa altura, con ojos azules, con ese porte y con esa esposa y familia política puede ser fácil, pero no garantiza la pureza del alma.

    ¿Y el rey? A qué negarlo, Fernando, le ha venido bien en el año en que su imagen está más depauperada. Y F VI se verá reforzado. No deja, sin embargo, de ser soprprendentemente que siga siendo verdad eso de que «estas cosas pasan hasta en las mejores familias».

    Yo ya no espero mensajes subliminares o palabras arcanas de difícil interpretación en la pascua militar. Ahora solo sigo el devenir judicial de la historia miserable de un miserable.

  2. pascua, permíteme esta frase de Lucio Anneo Séneca:
    «Lo que las leyes no prohiben, puede prohibirlo la honestidad»

    Y mientras tanto espero que la mujer del Cesar nos muestre su verdadera cara. Quiero creer en que vivo en un estado de derecho y tendré a bien decir presunto como lo hice con otras personas. Luego veré que hay de igual entre ley y justicia.

  3. Cuentan, Antón, que Séneca recomendaba a su pupilo Nerón día sí día también que no bebiera y que fuera morigerado. Un día lo pilló Nerón con una borrachera del 15 y le recriminó su actitud «Me pides que no beba mientras tú te emborrachas» a lo que el cordobés, corrosivo, le contestó «Sé donde está la virtud, pero eso no quiere decir que la practique. Además a ti no te pagan por aconsejar a un César y a mí sí». Con dos, sí señor.

  4. Mi abuela me decía: ‘Haz lo que yo digo, no lo que yo hago’ Supongo que era consciente de que la cultura pasó por delante de su puerta el día que dobló en el trabajo. Pero eso no la hizo menos sabia.

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