El silencio de Trini…y de los demás

La primera vez que ví claveles en las bocachas de los fusiles fue como corresponsal en Portugal, 25 de abril del año 1974: los militares, hartos de la guerra colonial africana, se rebelaron contra el salazarismo de Marcelo Caetano. Y las gentes, entusiasmadas, abrazaban a los soldados colocando flores en los cañones que antes habían reprimido a los ciudadanos. No había vuelto a percibir una alianza tan clara entre el pueblo y los ejércitos hasta hace pocas semanas en Túnez, cuando se reprodujeron las imágenes que treinta y seis años antes dieron origen a la denominación “revolución de los claveles”. En Egipto, la multitud de la desde ahora célebre plaza Tahrir –algún día habrá que dedicar un poema a la influencia de las plazas en la marcha democrática de las naciones—aclamaba y abrazaba en la tarde del pasado viernes a los tanquistas, diciendo adiós al dictador Mubarak.

Curioso: la diplomacia no ha jugado ni una baza en Portugal, ni en Túnez, ni en Egipto. ¿Quién recuerda que el secretario general de las Naciones Unidas, “un tal Ban Ki-moon”, haya dicho una sola palabra interesante en el conflicto que agita al norte de Africa? ¿Qué ha hecho el presidente del otrora imperio, el carismático Obama, sino cerificar los resultados dictados por los manifestantes? Y ya, si me permite usted hablar del papel jugado por los representantes de Exteriores europeos –¿cómo dice usted que se llama la ‘superministra’ de la UE?¿Ashton?—y, en concreto, por la ministra española del ramo, diría que no ha sido escaso: ha sido nulo. ¿Podría usted, por ejemplo, jurarme que la voz de Trinidad Jiménez ha aportado algo sustancial al análisis del devenir de las cosas en Túnez, en El Cairo?. Claro que no: es que ni siquiera se ha atrevido a aclarar el papel de una parte de nuestros diputados visitando ese Estado de parlamentarismo tan acendrado como es la Guinea Ecuatorial de Obiang Nguema. Nunca el Ministerio español de Exteriores anduvo tan silente. Echo de menos a Moratinos, palabra de honor.

No, no es la hora de la diplomacia, sino de esa ya citada alianza entre el pueblo y las Fuerzas Armadas, que es un eslógan de crisol revolucionario que siempre me ha dado miedo. A mi entender, el sitio de los militares reside, en una democracia, en los cuarteles, obedeciendo al poder civil y defendiendo las fronteras. Que excepcionalmente salgan a instaurar la democracia en el Rossío o en Tahrir no me impide olvidar que hicieron lo contrario en Tiananmen en 1989 o en Tlatelolco, en 1968. Y, naturalmente, no puedo olvidar que dentro de diez días ‘celebramos’ en España el 30 aniversario del intento de golpe de Estado protagonizado por un par de generales cegados y un teniente coronel enloquecido; aunque, desde luego, tengo que reconocer el papel ejemplar que, en conjunto y salvando algún episodio aislado, han jugado las Fuerzas Armadas españolas en nuestra bastante afortunada transición a la democracia.

Ignoro en qué parará lo de Túnez o lo de Egipto, o si habrá ‘contagio de la revolución de las plazas’ a Libia, Yemen, Argelia o…Marruecos, aunque esto último me costaría bastante creerlo. No soy un especialista de tantos como ahora aparecen en las tertulias pronosticando el futuro inmediato del norte de Africa, ese futuro que los ‘cabezas de huevo’ de las cancillerías no supieron predecir porque nunca diagnosticaron con exactitud el presente ni, al parecer, analizaron con rigor el pasado. De hecho, confieso que tengo pocas explicaciones para lo que está ocurriendo –no, tampoco son Google o Facebook las causas de nada de esto que está pasando; no habia Internet en Portugal en 1974, ni en México en 1968, ni en China en 1989–. Sólo sé que, pasada la primera euforia de las lágrimas de contento por la libertad recobrada en cualquier parte del mundo, no deja de producirme una comezón inquieta la fotografía, esté tomada donde esté tomada, de los claveles en la boca de los fusiles.

9 respuestas

  1. Wikileaks ha propiciado las revoluciones en Túnez y Egipto y poniéndome conspiranoico me pregunto si este era el objetivo último de Estados Unidos y Assange no ha sido mas que el tonto útil.

  2. Pero ¿qué diablos hace mi amigo GOnzález Pons comparando el cambio de régimen en Egipto con el cambio que él quiere que venga en España? ¿No es un dislate comparar ambas cosas? ¿Nos merecemos que nos sitúen en el dictatorial Egipto? Hombre, Esteban, un poco de mesura, por Diossss…

  3. Estoy de acuerdo, Fernando: Las causas de estas revoluciones no son gugle, feisbuk o internete; son económicas; un desempleo agobiante, miseria rampante, subida de precios de productos básicos y una juventud numerosísima en término porcentuales. Y sin futuro laboral.

    La pregunta del millón es; ¿mejorarán estas variables con la inestabilidad política inherente a las revoluciones? Pues eso. Menos turismo, más miseria, más paro, hambre y desesperación. Una creciente inestabilidad favorece que aquellos más organizados y decididos (bolcheviques, talibanes, Ayatollahs, Hermanos Musulmanes…) se hagan con el poder y acaben con la inestabilidad con mano de hierro en guante de pinchos, y dictaduras teocráticas o ideológicas peores que las anteriores, precisamente porque Marx o Dieu le veult.

    O será que me he levantado apocalíptico.

  4. Voy a ser malo, y es que llevo una semanita…

    Trinidad Jiménez, ¿qué va a decir, qué puede decir? Lleva toda la vida intentando pertenecer al cuerpo diplomático: 2 oposiciones fallidas, un marido diplomata, la cosa esa de iberoamérica, un inglés de jominglish y ahora, por fin tachin tachin, ministra del ramo.

    ¿Echas de menos a Moratinos? Yo estoy por decirte que echo de menos a José Félix de Lequerica o, incluso, a Salvador de Madariaga, el tonto en 5 idiomas como lo llamaba Ortega. (Claro que puestos a apostar por la diplomacia, dónde esté Vernon Walters… aunque solo fuera por lo bien que conocía las redes suburbanas de muchas ciudades de Europa, Madrid incluida)

    Luego está el tal Bankimún, más «afuncionariado» que el peor funcionario de ventanilla larriano. Es lo que tiene la ONU, pero bastantes problemas tenemos en casa pa’ ponernos a arreglar lo que debería ser la world wide home.

    Finalmente, tu amigo Glez Pons en 7 días: te lo he dicho sienes y sienes de veses, Fernando. EGP desperdicia su talento y su inteligencia y es algo que ni él ni el país podemos permitirnos bajo ninguna circunstancia, menos aún en las actuales. Da igual el papel que MRB le haya asignado. su inteligencia y su pasado de profe universitario de dcho constitucional le deberían obligar a tener y mantener un discurso más elevado y más dignificado. Al fin, somos amos de nuestros silencios, pero esclavos de nuestras palabras.

  5. Estoy de acuerdo contigo, Pascua, creo que a EGP le han asignado el papel de doberman que tan buen resultado le dió a Aznar. Una pena oir idioteces como lo de egipto en boca de alguien que se presupone tiene un nivel más elevado. Servidumbre hacia el partido?, ó habrá perdido el sentido de verdad?.

  6. Avatar de El primo Ignacio
    El primo Ignacio

    Bruno, Pascua, tenéis más razón que un santo y os veo inspiradísimos. Me encanta lo del tonto en 5 idiomas (pobre Madariaga), y me encanta sobre todo lo del inglés de jomínglis de la Trini. Me parece una ministra malísima de Exteriores (aunque no soy profesional del ramo) y me pareció una pésima ministra de Sanidad (y de eso sí soy profesional del ramo), entre otras cosas comprando al contado vacunas de gripe A por decenas de millones que no se puso nadie, en un negocio sin precedentes que ni las farmacéuticas podían creérselo.

    En cuanto a Esteban González Pons, no tengo el gusto, pero es una lástima ver esa adhesión inquebrantable al partido en todos los hombres de partido. Es triste echar tanto en falta la independencia, el buen criterio y la veracidad que solo tienen los grandes. Cualquier día de estos me va a dar por la abstención. Espero que no cunda.

  7. Espero que la experiencia egipcia salga bien, y que a medio plazo veamos una democracia estable; dentro de lo estable que puede llegar a ser la democracia en un país árabe en estos tiempos revueltos que corren en las naciones musulmanas.
    Creo que nuestra diplomacia ha jugado un papel cero en toda esta crisis, más que nada, porque nuestro peso específico internacional, después del pufo de la Alianza de Civilizaciones, es más bien eso, cero. Tampoco hacía falta la carnavalada aznariana de los pies encima de la mesa, en el rancho del patrón, para pretender ser alguien en el contexto internacional; pero por lo menos, haberse posicionado…¿o quizás no?, porque claro, somos exigentes con la Ministra, pero nos olvidamos también de la doña esa metida a “Ministra de Exteriores de la UE”, a la que nadie conoce, y de la cual su único mérito parece ser, que es británica, y que por decir no ha dicho nada hasta que se ha solucionado la salida de Mubarak (así no corre el riesgo de equivocarse). Y que pensar como bien dice usted, del coreano metido a “Secretario General de la ONU”; más bien parece el cocinero chino de las películas, a las ordenes de las potencias que mandan. En fin, por una vez, voy a ser indulgente con la Sra. Jiménez, pues dado el “nivelazo” que hay por ahí fuera, pues como que tampoco es para rasgarse las vestiduras.
    Mención a parte merece el Sr. Pons. Pensándolo mejor, es preferible no comentar imbecilidades.

  8. A Rodrigo:
    caramba, Rodrigo. ¿No vas demasiado lejos? Me apasiona el tema de WikiLeaks y admiro a Assange. La verdad es la verdad, la cuente Agamenón o uno a quien acusan –me parece que es acusación fabricada– de abusos sexuales. Pero no creo que las gentes en El Cairo tengan a Assange como modelo ni que lo conociesen demasiado. Y las redes sociales –insisto: malísima la película sobre el creador de FACEBOOK– tienen el alcance que tienen, aún minoritario. NIngún dazibao, ningún panfleto, ni ‘El Capital’, ni, por supuesto, ‘Mein Kampf’, propiciaron las revoluciones: si acaso, diagnosticaron un estado de espíritu colectivo.

    En cuanto a las tesis conspirativas: a lo largo de cuarenta años de periodismo he aprendido, me parece, que lo casual prima la mayor parte de las veces sobre lo causal.

  9. Todos nos quedamos sorprendidos hace meses por la ola de protestas en Irán, a raíz del pucherazo electoral dado por Ahmadineyad y ayatolas. Protestas que todavía hoy, se están cobrando las vidas de muchos iraníes ejecutados por un régimen criminal, y acusados de los más variopintos delitos, para tapar la represión que está perpetrando éste régimen. Esta protesta pilló con el paso cambiado a todas la cancillerías occidentales, lo mismo que ha ocurrido ahora con Túnez y con Egipto. El denominador común de todas ellas, mientras no se demuestre lo contrario, es el hartazgo de gran parte de la población hacía sus respetivos regímenes; aunque los detonantes de las protestas haya sido por motivos diversos.
    Las situaciones en esos países, es evidente que es distinta, y las salidas a esas crisis, también lo serán; como también lo es, ese supuesto contagio de manera más o menos inmediata al resto de países árabes que mantienen un importante déficit democrático. Cada Estado, tiene una situación social y política diferente, e incluso religiosa (ya sabes el papel que juega la religión en estas naciones). No es lo mismo Marruecos, con una pobreza galopante, que los Emiratos Árabes o Dubai (en que se nace, no ya con un pan bajo el brazo, sino más bien con una vivienda y empelo garantizados), estados todos ellos autoritarios pero con realidades económicas y sociales distintas, y por supuesto político-religiosas. No podemos olvidar por ejemplo, que el rey de Marruecos es además el jefe religioso de ese país, o que Argelia es una república, y que Libia no se sabe muy bien lo que es.
    El punto de inflexión, entre una protesta fallida y por tanto no generalizada como fue la Irán, a una masiva como la de Túnez y Egipto que se han solventado con la caída de sus respectivos dictadores, es difícil de prever. Supongo que para que esto ocurra, dependerá también de los apoyos que tengan esos dictadores y/o regímenes en el contexto de la población. En Irán, el integrismo islámico cuenta con demasiado apoyo aún entre la población, y por tanto, para que este régimen caiga por una protesta popular más o menos pacífica, será más bien difícil por ahora. En Túnez, el dictador apenas contaba con más apoyos que el ejército y el grupo de mafiosos que vivían a socaire del régimen; perdida su principal baza (las FFAA), no le quedó otra que poner tierra por medio, más o menos como en Egipto. Extrapolar estos hechos al resto de naciones árabes, es más un ejercicio de voluntarismo que otra cosa.
    A veces los hechos van por delante de las intenciones, los planes o las previsiones, habrá que estar atento a todo cuanto ocurre en esos países.

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