¿Chávez forever?

Una respuesta

  1. Hugo Chávez, a quien cada cual puede calificar como prefiera –a mí me salen algunos adjetivos más bien duros—ha ganado limpiamente las elecciones en ese país, tan importante para toda Iberoamérica, y desde luego para España, que es Venezuela. Hasta aquí, nada que decir, excepto que no es, al menos para quien suscribe, una buena noticia. Chávez ha bordeado muchas veces el filo de la navaja de la democracia, se ha burlado con demasiada frecuencia de los usos y costumbres de la diplomacia internacional, ha caído muy bajo en cuanto a mala educación se refiere y ha instaurado la inseguridad jurídica con respecto a los inversores nacionales y extranjeros.

    El mundo de las relaciones internacionales va a estar un poco peor gracias a que Chávez va a permanecer en el cargo, si su salud se lo permite, seis años más. Que es un período muy largo, en el que tendrá que seguir conviviendo con el presidente norteamericano que salga de las elecciones de noviembre –mejor será, con todo, con Obama que con Romney—y en el que los gobiernos conservadores europeos, incluyendo el español, habrán de continuar sufriendo sus desplantes. Un período, claro está, de auge para el movimiento bolivariano, esa doctrina trasnochada que tiene como seguidores a los más atípicos gobernantes latinoamericanos, incluida la presidenta argentina, doña Cristina Fernández.

    No albergo la menor duda de que Chávez declinará, lo digo por poner un ejemplo, asistir a la ‘cumbre’ iberoamericana de Cádiz ,en la que España está poniendo tanto esfuerzo como aprensión ante los resultados. Y tampoco tengo la menor duda de que las empresas españolas inversoras en aquel país van a seguir sufriendo mil y un sobresaltos. Máxime cuando en España hay un Gobierno ‘poco grato’ para el mandatario venezolano, tal y como él mismo ha hecho saber en conversaciones no tan privadas. Trabajo le va a costar a la diplomacia del señor García Margallo mantener el ‘ten-conten’ con un sistema en el que la diplomacia no es precisamente, ya digo, el valor más apreciado.

    Qué quiere usted que le diga: conocí brevemente, una vez en Madrid y otra en Caracas, a Capriles, y me pareció un posible presidente muy homologable, al margen de su relativa falta de carisma. También conocí a Chávez, en un almuerzo que le ofreció en La Moncloa el entonces presidente Aznar, quien me presentó al venezolano como “un periodista muy peligroso”. Chávez, haciendo gala de su peculiar humor y de su inexistente cortesía, me dio un codazo en el estómago y me dijo, sonriendo: “hiiiijo de puuta”.

    Pues eso: que me quedo con Capriles, aunque pierda.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *