Un finde conviviendo (ufff) con el tocho de Pilar Urbano…


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(hay quien ha pretendido comparar el ‘invento’ (reconocido) de Jordi Evole sobre el 23-f con este libro de Urbano. No es justo ni para uno ni para otro. Aunque cierto es que útimamente se empieza a considerar periodismo a cosas que desde luego no lo son. O no lo eran en tiempos más…’¿clásicos?’
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Reconozco que no tenía intención de leer el ya famoso libro de mi colega Pilar Urbano, ‘La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar’. Me disgustan esos ‘libros verité’ en los que el autor se siente legitimado para inventar diálogos en los que no ha estado presente y describir actitudes y gestos que, por lo mismo, desconoce. Hace falta mucho desparpajo, por ejemplo, para escribir que “el Rey le quitó la funda a un habano Hoyo de Monterrey Doble Corona y escuchaba sin dejar de atender al ritual de cortar la punta y encender su cigarro. Suárez empalmaba un cigarrillo Ducados con otro”. Así enmarca la señora Urbano lo que a continuación sigue, que es una presunta bronca, contada de manera literal, entre el todavía presidente del Gobierno y el jefe del Estado. Y la primera pregunta que me surge es: si lo del habano y detalles similares es algo simplemente inventado para dar color y verosimilitud al texto, ¿por qué debo considerar reales las palabras que de dos interlocutores se reproducen a continuación, como si se tratase de una grabación, cuando uno de ellos está muerto y el otro, el Rey, consta –porque él mismo lo ha dicho– que no ha hablado del asunto con la autora?

Conste que no estoy acusando a la periodista, como ha hecho nada menos que Felipe González, de mentir. Ella sabrá. Como tantos otros informadores veteranos, he tenido acceso a algunas confidencias de Suárez, que yo podría oponer a algunas de las cosas que Urbano coloca en su muy grueso volumen, del que, por cierto, sobran más de la mitad de esas páginas dedicadas a tan comerciales como irreales inventos destinados a colorear situaciones y diálogos. Pero Suárez, que está muerto y cuya mente ya había quedado oscurecida desde hace más de una década, no puede corroborar mis desmentidos a lo que Urbano afirma, como tampoco puede negar –ya lo acaba de hacer su hijo y depositario de los documentos del ex presidente– lo que en el libro de Urbano se contiene. Prefiero, pues, no invocar el testimonio de alguien que ya no está entre nosotros. Pero basarlo todo en lo que alguien fallecido te dijo o no te dijo, me parece temerario y difícilmente creíble. Sobre todo, cuando los vivos a los que aludes rechazan en bloque, y de manera tajante, tu versión.

Debo también reconocer que he sido incapaz de leer –quizá finalmente lo haga, con tiempo y algo de paciencia—íntegramente el libro, en el que, por cierto, se me cita dos veces entre los autores consultados. Ya digo que no me gusta el género: prefiero las investigaciones más austeras y menos ‘coloristas’ (vamos a llamarlo así). Sí leí obras anteriores de la autora y siempre, especialmente el último volumen sobre la Reina, me parecieron al menos discutibles: poner en boca de Doña Sofía algunas de las cosas que Urbano pone, es, simplemente, increíble para alguien que conozca el talante, la prudencia y hasta la sobriedad de palabras de la sufrida esposa del Rey. Otra cosa es que la miopía de La Zarzuela, o la inercia, o la pereza de algún secretario, dejase pasar, sin contestación, aquel libro.

Creo que ha hecho bien La Zarzuela saliendo, con un lenguaje quizá no muy ortodoxo, al paso de un libro que en nada va a contribuir a la solidez de la implantación de la Corona en España, en momentos en los que la Institución que encabeza Juan Carlos I atraviesa una situación delicada. Solo puedo afirmar, al respecto, que, si se tratase de una obra de investigación rigurosa, sin diálogos y coyunturas inventados, irrefutable, Pilar Urbano y sus editores habrían prestado un gran servicio a España. Tal y como se han puesto las cosas, y tras un fin de semana conviviendo con esta ‘desmemoria’, me temo que ha sucedido exactamente lo contrario. Y, por favor, que nadie vea en estas descalificaciones el más mínimo intento de ayudar a un ‘statu quo’ en el que se aprecian graves malformaciones. Es que, simplemente, mi verdad, que no es necesariamente la verdad, pero que necesariamente no es la verdad que predica Urbano, pasa por creer más la versión de Zarzuela, que sin duda no será toda la versión posible, y la versión de Suárez Illana, y la de los ex ministros de UCD, y hasta la de Felipe González, que me consta que no siempre nos ha dicho toda ‘su’ verdad, que la de una periodista a la que algunas veces he visto ir más allá de los límites que pienso que ha de tener esta profesión. Que son unos límites mucho más estrechos de los que algunos profesionales notables de este oficio, que debería ser maravilloso, se han marcado.

3 respuestas

  1. Si a uno le importara un rábano lo que ocurra en España, siendo tan sectario como ver en estos protagonistas, un favor que le hacen a la causa republicana, no es menos cierto que ahora no toca república, y el daño que hacen es perpetrado a todo el país. La monarquía tiene que pechar con sus errores y ya veremos, pues a las repúblicas siempre les ha tocado arreglar lo que no tiene remedio y al final han acabado en experimentos fallidos. Entre el yernísimo, el director de cierto medio rosa, y los opusdeístas reconvertidos en no se sabe muy bien qué, está claro que los peores enemigos de la Monarquía española son sus propios acólitos.
    No voy a leer ese libro ni regalado, el tiempo es demasiado valioso para perderlo de manera miserable, pero creo que lo encartados que todavía sigan vivos, les hubiera bastado con un: no es cierto, o un es falso, y nada más. Larra ha visto el negocio editorial, y la verdad, se lo han puesto en bandeja.
    En cuanto a la J. Ébole, no me gustó el programa por el tema tratado, los que vivimos aquellos días guardamos un sentimiento de bochorno nacional. En cuanto a experimento periodístico, creo que la fórmula ya se ha ensayado un par de ocasiones pero no en España. Eso nos sirve (por lo menos a muchos), a no creerse al pie de la letra lo que digan los medios; ha sido un especie de ducha escocesa a los ciudadanos que buena falta nos hacía, a ver si de una vez cesa el tancredismo social que padecemos. Ahora solo falta que lo haga en Cataluña y sus independentistas, a ver si tiene narices.

  2. Avatar de Corbmarí el Bales
    Corbmarí el Bales

    Hola G.K.: Nice to meet you again. Como siempre, en todo el centro
    de la diana; yo tampoco leeré ese libro, me parece una solemne y
    grande estupidez, fuera de lugar y oportunista en grado sumo. Este
    país tiene un enorme defecto: a casi todos nos gusta hacer leña del
    árbol caído y si a las desgracias de un importante se les pueden dar
    más bombo proporcionando otras desgracias, la gente se frota con
    fruición las manos anticipando el gozo que obtendrán hozando como
    gorrinos en el lodazal de la injuria. Este país ha pasado a ser, desde
    hace tiempo, en vez de un lugar con Derechos Humanos a un lugar
    repleto de Desechos Inhumanos. Un abrazo, crack.

  3. Hola Corbmarí. Se echa de menos la frescura de antaño de este blog, y las vivas polémicas en él sostenidas. No sé si por aburrimiento o qué, la peña ha emigrado a otros lares. En fin, ya solo queda comentar el día a día y no siempre. Gracias y un abrazo

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