Once minutos que cambiaron la Historia

Parece obvio que Pedro Sánchez no quería convocar elecciones generales nueve meses antes de que, por ley, concluyese la Legislatura. Pero, al final, se cumplieron las hipótesis que circulaban en los tres últimos días y salió al atril de La Moncloa para anunciar que los comicios legislativos tendrán lugar el 29 de noviembre, disolviéndose ya las Cámaras y entrando, aunque esto no lo dijo en su comparecencia (sin admitir preguntas de los periodistas, claro), en una era quizá de cambio profundo.

En los apenas once minutos que duró su intervención, Pedro Sánchez echó por tierra toda ‘su’ historia, elaborada desde hace años, que consistía en asegurar que, por el bien de la estabilidad del país, terminaría la Legislatura en el verano de 2027 y que se presentaría a continuación a las elecciones, para ganarlas y estar en el poder al menos hasta 2031. Quienes considerábamos esto imposible, incluso para el campeón del mundo de la resiliencia, hemos ganado no pocas apuestas y Sánchez las ha perdido.

No creo que, para que esta anticipación se produjese, hayan sido tan decisivas las acampadas y manifestaciones por la vivienda, ni las obvias meteduras de pata en Ceuta, ni las amenazas de los juicios que vienen cuanto el hecho de que el aún ausente Puigdemont, de la mano de Miriam Nogueras, haya dejado caer al Gobierno central, al que sostenía a cambio de no pocos ‘favores’. Se acabó definitivamente la ‘mayoría Frankenstein’.

Porque esta, que se inició con una campaña electoral en la que Sánchez prometió traer a Puigdemont para encarcelarlo como el hombre que quiso dar un golpe de estado en Cataluña, ha sido, paradójicamente, la ‘legislatura de Puigdemont’. Por mantener los siete votos de Junts en el Congreso, se han modificado leyes, dictado muy polémicas amnistías e indultos, cruzado líneas muy rojas y hasta enfadado a los europeos exigiéndoles que introduzcan el catalán, el euskera y el gallego entre los idiomas oficiales de la UE. Aunque a Puigdemont no se le dio todo lo que se le prometió, lejos de encarcelarle se le benefició largamente, y ahora está a punto de retornar triunfal, pudiendo proclamar ante los suyos y ante la ultraderecha catalana que ha tumbado un Gobierno ‘de izquierdas’ y que ha dado un paso adelante en la proyectada secesión. O sea, en la descomposición del Estado.

Once minutos bastaron para que Sánchez, que consumió más de la mitad de este tiempo glosando sus realizaciones hasta ahora y otra buena parte en atacar a la oposición, como si ya estuviese en campaña, mostrase que no parece haber entendido el mensaje: porel contrario, recetó más frentismo, más giro a la izquierda. ‘Progreso’ frente al ‘retroceso’ que supondría votar a la derecha, dijo, mientras, paralelamente, su gran enemiga Isabel Díaz Aysuso contraponía, en un desayuno multitudinario, ‘libertad’ a ‘comunismo’, y Feijoo planteaba ‘regeneración’ frente a la ‘corrupción’ sanchista.

Esto es, pues, lo que podemos esperar de la ya inminente campaña electoral: guerra al otro, que es  enemigo más que rival; dureza extrema en las descalificaciones y, en general, una profundización en las dos Españas, la de la derecha y la de la izquierda, ambas actualmente, sobre todo esta última, en reconstrucción. Promesas de levantar alfombras y aniquilar mucho de lo actuado en estos últimos ocho años frente a las amenazas de lo que nos puede ocurrir si caemos en manos ‘de la ultraderecha y de la derecha que está en manos de la ultraderecha’.

Aunque debo reconocer que el discurso de Feijoo me pareció más templado que en otras ocasiones –en especial comparado con el que Isabel Díaz Ayuso había hecho en un desayuno multitudinario pocos minutos antes–, forzoso también es admitir que los brotes de una ‘nueva política’, que sustituya a la tan viciada que se ha practicado a garrotazos en esta Legislatura que muere no se atisban por ninguna parte. Comenzando ya este martes por la abusiva utilización que parece que se pretende de la diputación permanente del Congreso para hacer aprobar, a la fuerza y con las Cámaras ya disueltas, los dos reales decretos sobre vivienda rechazados el viernes.

Es decir, Sánchez ha pasado una página de la Historia y de ‘su’ historia en once minutos, pero empezamos a vislumbrar que la página siguiente es igual o muy parecida a la ya pasada. ¿Para esto tanta alharaca?

 Otra oportunidad perdida en la era, sin embargo imparable, del Gran Cambio que a todos nos viene, guste o no a nuestros dirigentes políticos.

fjauregui@periodismo2030.com

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