Tiene razón Pedro Sánchez cuando dice que no es admisible que en pocos meses se produzcan dos accidentes como el de Ademuz y ahora el de ayer. Un país que quiere estar en vanguardia, que quiere servir a sus ciudadanos, atraer a los turistas y las inversiones tiene que gestionarse de otra manera, no estar dependiente de que un funcionarios se equivoque al apretar un botón.
Usuario frecuente de tren como soy, constato la merma en la calidad, en la comodidad y en amabilidad del servicio, por no hablar de la puntualidad y, ahora, de la seguridad. Hoy no soy capaz de escribir de otra cosa que del deterioro en el funcionamiento de un país que no ha sido capaz de explicar satisfactoriamente el apagón general de hace muchos meses, que ve incrementar sus listas de espera en Sanidad, comprueba que sus docentes y discentes hacen huelgas razonables y constata cómo, poco a poco, el poder adquisitivo del ciudadano individual, del simple ciudadano, se deteriora.
Frecuentemente he comentado las quiebras en nuestro estado de bienestar y nuestra democracia; son muchas y de calibre. Se empiezan relajando los controles de la democracia y se termina siendo un poco más negligente en el funcionamiento de los servicios al ciudadano, y aquí estoy incluyendo a nuestra asfixiante teleburocracia.
Ya sé, ya sé que los accidentes no son culpa del Gobierno, ni de los funcionarios de Renfe. Faltaría más. Solo digo que nos vamos acostumbrando a hacer las cosas con desgana, pensando solamente en ganar elecciones a base de promesas grandilocuentes y no estamos atentos a la marcha cotidiana de las cosas. La clamorosa falta de una sociedad civil ,de unas asociaciones fuertes de consumidores, forma parte de este cuadro, que no sé si es alarmante todavía, pero que no es nada placentero.
España necesita estructurarse de otro modo, nuevos planteamientos ‘revolucionarios’ de presente y de futuro. Por supuesto que a nadie concreto culpabilizo del tremendo accidente ocurrido este miércoles, pero no es hora de que los ministros del ramo anden haciendo chistes, memes y chirigotas. Este es un país serio, en el que ese ministro debería haber abandonado ya su puesto –pues claro que hay sustitutos inmediatos—aunque no fuese más que como sanción a un modo de estar en la política.
Merecemos otra cosa, más autocrítica, menos frivolidad y mucho, mucho más cuidado con la seguridad y el bienestar de los ciudadanos. Lo escribo hoy desde el dolor, pero también desde la esperanza de que este sacrificio terrible sirva para aprender algo. Y no servirá si nos centramos en señalar como responsable únicamente e quien apretó el botón que no debía cuando no debía.
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